Soy adicta a la horchata, no lo puedo evitar. De pequeña odié hasta la muerte los anuncios de Chufi y la madre que parió a Valencia. Pero las personas evolucionamos, crecemos (yo no lo hago desde los 11, por cierto) y en mi caso la horchata se ha convertido en auténtico delirio.
Supongo que el ser humano ha nacido para ser adicto a todo lo que se menea. No podemos ir de dignos y decir que somos sanos, vamos al gimnasio y nos acostamos a las 22h. ¡Mientes más que hablas!
Siempre y en todos los casos hay algo a lo que ser adicto, ¡y ahí de lo maravilloso de ser un humano obsesivo-compulsivo!
Quizá tú adoras la Coca Cola, o tu madre no puede vivir sin hacer los puñeteros cuadros de cocina en punto de cruz (todo un martirio, por cierto). Puede que tengas un amigo adicto al “War of Warcraft” (en castellano “Guerra de la Mayonesa Craft”) o un pariente que se traga todas las pelis de Julie Andrews cuando tiene ganas de creer en el corte de pelo a la garçon… Todo eso y mucho más son las adicciones.
Las tenemos, las detestamos, pero no podemos vivir sin ellas, ¡oiga!
“Si hoy no me he conectado al Facebook, avisa a la Policía”

En la red se encuentran infinidad de muestras de amor a las redes sociales.
… Que dice el grupo de tan popular red social. No, no, no… qué va, yo no estoy enganchada al Facebook… Yo no le doy al botón de “Inicio” cada segundo para ver si alguno de mis 4 millones de amigos y desconocidos se han rascado el cogote. Yo no cotilleo fotos, me jodo de risa con las caras de borrachuzos, o comento todo lo que se me pone por delante… Qué va. Yo sólo visito el Facebook para “informar” de mi situación.
Hoy en mi perfil sólo explico los 2 primeros capítulos de “Crepúsculo”. Una coquetería que me ha dado.
Estaba yo pensando que con esto de ser adictos al Facebook, nos lleva irrevocablemente a pensar que lo que realmente necesitamos es sociabilizarnos sea de la forma que sea… Y es curioso cómo lo hacemos en pijama, oliendo a perrete y desde la comodidad de nuestros autistas hogares.
Y hasta aquí la reflexión, que he sacado de un estudio del Mono de Wisconsin en la Wikipedia actualizado por última vez en 1986. Totalmente fiable.
“Sexo raro que me angustia y por eso soy adicto”
¡Amigos y amigas que leéis este glorioso ensayo! (Por cierto, mando un saludo a mi prima Gloria, ahora que me acuerdo). ¡Uno de los motivos por los cuales el ser humano (y otros seres queridos) se vuelve adicto a algo, es el factor angustia! ¡La tan andaluza “agonía”!

¿Por qué todas las perversiones deben estar ocultas?
El sexo raro, o en palabras de la Real Academia: “sexo que da agonía”, es harto practicado por personas cuya cotidianidad se llena de otras cosas bastante más banales. Las denominadas “perversiones” (¡qué maldad llamarlo así!) son motivo de adicción angustiosa que hace que mucha gente lleve ese tema en secreto… Claro que tampoco veo yo a un vendedor de enciclopedias diciendo “Llévese los 2 primeros tomos y luego le dejaré introducírmelos esfínter arriba para placer y deleite mío, señora”.
Las citadas “perversiones sexuales” son adictivas a más no poder. Para empezar tenemos el clásico masoquismo, que busca la humillación y el dolor como sinónimo de placer. Mucha gente adicta al latiguillo lo es también al denominado “bondage”… o lo que se traduciría como “persona amarrada a una cuerda de pita”.
Algunas emociones sexualmente fuertes están muy hermanadas con el peligro de muerte. Nadie te dice que la vayas a cascar mientras te estrujan los huevetes con una correa, pero sí tienes mal plan si practicas la auto-asfixia… Y si no, mira al pobre David Carradine… Se pasó con las correas y se ahogó involuntariamente él solito en Tailandia.
El “cruising” tiene tela marinera también… y aquellos que lo practican se vuelven adictos a la emoción hacia lo desconocido. “Cruising” no viene de Tom Cruise, sino de “crucero”, de paseíllo cual trasatlántico por aguas nocturnas para encontrarte con gente como tú, que lo único que busca es sexo con desconocidos al aire libre. Barcelona tiene Montjuïch como templo del “cruising” y Madrid la mismísima Puerta del Sol, donde las miraditas dejan ver que en los alrededores, se juega mucho al “Teto Extreme”.
El sexo esporádico, la afición al “picaderismo” y las cosas esas que le hacen a una gritar eso de “enséñame a ser una leona, pichurri”, son drogas que por su parte, enganchan y curiosamente no hacen daño a nadie.
Drogas que te hacen ver dinosaurios en el pasillo
Los hay que no se contentan con ver “Jurassic Park” en DVD y deciden cascarse un MDMA de esos que ves a gente como Navi’s de AVATAR y Diplodocus en la cola del baño.
La adicción a las drogas no sólo es agonía pura sino que nos produce ese curioso sentimiento de culpa en el bajón del día siguiente: “¡El cuerpo me pide tierra y madera de pino!”, “¡Esta vida pide otra!”
Si éstas son tus palabras cada fin de semana, entonces hijo de mi vida, has tocado fondo. ¡Quítate de la “droja”! Te lo dice José Tojeiro, que aún recuerda su mala noche con el Cola Cao…
Las cosas que tiene el Siglo XXI
Hay qué ver lo curioso que es el siglo XXI… no me enteré y ya estaba metida de lleno. Con él han aparecido nuevas modas, avances tecnológicos, herederas de Raquel Welch (con mucha menos chicha y “sex appeal”…) y lo que se han llamado las “nuevas adicciones”.
En realidad yo metería en el saco de la adicción a cualquier cosa que se hace más de dos veces un jueves… Y no lo digo sólo yo, sino que lo certifica la Asociación Española del Rifle (sí, los mismos que disparan perdigones a las lesbianas en el INEM).

Como Apple se lance a ello, ¡Qué tiemble Porcelanosa!
En estos tiempos que corren nos hemos vuelto adictos al teléfono, internet, salir entre semana, series rarunas como LOST, el gimnasio un mes antes del verano, etc etc etc…
Las redes sociales, como hemos visto, tienen un papel fundamental en nuestra pequeña dosis diaria de droga, pero hay otro fenómeno aún más adictivo: LOS GADGETS!!! ¿Y qué es un gadget? Pues, además de un inspector de dibujos con gabardina demodé, un gadget es cualquier objeto, fetiche o cosica que complemente nuestro síndrome de Diógenes.
La atracción por acumular y por estar a la última en tecnología nos hace adictos al nuevo súper Iphone 4G, con más memoria, más aplicaciones, más “fashion”, más fino y en definitiva… más guay.
Necesitamos como el café de cada mañana una razón para existir… y esa razón se llama “Ipad”, “reloj Casio retro” o “zapatillas de marca”…
Todas ellas adicciones caras que sólo nos satisfacen hasta que aparece un modelo mejor, más grande y más guay que el nuestro.
Las cosas del querer
Las relaciones afectivas tienen un lugar especial en las adicciones, sobretodo las que protagonizan los bellos y nunca suficientemente valorados “psicópatas del quedar”. Sabemos que vales un potosí, que llegaste el primero en el reparto de ojazos y que eres el mejor “arreglando los bajos” de tus ligues… Por eso creo sinceramente que NUNCA deberías enrollarte con un o una “psicópata del quedar”, porque te van a gastar el nombre, entre otras cosas. Hay gente muy rara por el mundo.
Epílogo Monumental

Qué bonito es el amor...¡hasta que nos volvemos dependientes!
Dicho esto y sabiendo que a estas alturas del artículo no habréis leído nada nuevo, revelador o mínimamente documentado, os agradezco las atenciones recibidas por vuestros estupendos ojos.
Supongo que tendré que añadir una nueva adicción a mi lista: escribir chorradas… Aunque pensándolo bien, me mola más la horchata.
Post Scriptum confesional.- Soy tan adicta a lo ibérico que, en un ataque de amor absoluto le solté a mi pareja un sincero y emocionado “Te quiero más que al jamón”…
No dejéis de contarme vuestras anécdotas de adictos perversos que sois…
Texto: Ana Joven, adictiva como ella sola, ¡Ay Omá qué rica!Fotos: Lea T. & Miriam G., elclavo.com, mediogeek.com.


soy adicto a las canciones horteras
http://www.youtube.com/watch?v=jr5PixIoCTQ&feature=related
René, me ha llegado al alma… HORCHATA DE CHUFAAAAAA!!! jujujuju!!! gracias!
La puedes querer más que al jamón, pero JAMÁS más que al queso!!! jejejeje
es verdad… es que el queso es un bien ancestral patrimoño de la humanidad… y más el curao de oveja.