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Monotemas

Fotomatón: Yo confieso

¿Tenemos un personalidad adictiva? ¿Somos capaces de engancharnos a cualquier cosa? La ‘generación y’ ha nacido y crecido rodeada de tentaciones. Placeres cotidianos que se han convertido en auténticos vicios. La equis sale a la calle para tomar nota de las adicciones (in) confesables.

Alberto tiene 30 años y se define como “camarero sindicalista” y su máxima adicción es hacer el ganso, de hecho no tiene ningún reparo en bajarse los pantalones en una plaza pública. “Me gusta disfrutar de la vida, en el curro me cogieron por ser un ganso y esa es la mejor forma que tengo de disfrutar de mi trabajo”. Alberto lanza un mensaje evangelizador para que la humanidad siga su ejemplo: “La gente debería compartir más esta adicción porque la vida hay que tomársela con sentido del humor”. ¿Y qué haría Alberto si le prohibiesen hacer el ganso, si tuviese que desengacharse de ese confesable vicio? Lo tiene claro, “sería muy desdichado”.

Pau (izquierda) y Alberto (derecha), a los dos les da por 'tocar (-se)' algo.

La tecnología, internet y sobre todo las redes sociales son tres de los vicios más comunes. No sabemos vivir sin consultar el correo electrónico, el facebook o el twitter. Nuestro día a día transcurre a medio camino entre la vida real y la virtual. Pero hay quien convierte internet de un vicio útil. Es el caso de Ocerrone. A sus 27 años se declara friki de profesión y confiesa que le encantan los videojuegos, la música de orquesta de pueblo y los chetos. “Son los pilares de la cultura de nuestra generación: la comida basura, la musica pachanguera, los videojuegos y la televisión”. Pero su verdadera adicción es el Myspace, especialmente el Myspace de su grupo, “un proyecto sociomusical con tono de parodia y humor, vamos, que lo petamos, ese es nuestro eslogan”.

Elena lleva grapados a las orejas los auriculares.

La progresiva reducción del tamaño de las cámaras fotográficas ha hecho que entre nuestra generación lata la idea de que lo que no está en fotos, no ha existido. Olvidamos tan rápido, que necesitamos una prueba de que aquello que vivimos sucedió, para eso están las cámaras de fotos, para ayudarnos a borrar nuestras lagunas mentales. María bromea “soy la japo de mi grupo”. Este apodo no tiene nada que ver con que tenga los ojos rasgados, sino que responde a su obsesión por la fotografías. Es adicta a las fotos. Siempre lleva su cámara en el bolso y no dejar escapar ninguna escena. Como resultado de este vicio almacena gigas y gigas de fotografías en su ordenador.

¿Quién dice que ya no quedan románticos? Pues toma, con Jonás, tendrías '2 tazas' de amorrrr...

La música es otra de las adicciones más comunes. Ya lo dijo Nietzche, “la vida sin música sería un error”. Los dispositivos portátiles para escuchar música cada vez más ligeros (afortunadamente hemos dejado atrás los pesados walkmans y discmans) se han convertido en los compañeros ideales. Elena es periodista, especializada en Relaciones Internacionales y no puede ir a ningún lado si no es con su MP3. Una de las primeras cosas que hace cuando se levanta es encenderlo y poner música en su vida, la música inalámbrica le acompaña al baño, a cocinar, en el bus, en el Metro. En total más de seis horas al días enganchada a a la banda sonora de su propia vida.  Otros prefieren una vertiente más artística de este vicio. Con dos carreras a sus espaldas y un máster, Pau es de esos jóvenes que aún sigue estudiando, una ocupación que debe conjugar con su vicio: la guitarra. “Si no tuviera guitarra, encontraría que me falta al algo”. Pau se confiesa adicto porque cada día tiene que tocar “un ratillo” y cree que ya se ha convertido en una obsesión y que no la puede dejar, además está convencido que si tuviese que abandonarla, sufriría el “mono”.

¿Eso era un relámpago? No, era María flasheándonos ¬¬

La ‘generación y’ ha fundamentado su educación sentimental en un momento de transición entre el amor para toda la vida y el libertinaje más feroz. Nos enganchamos al amor con tanta facilidad, que hay quien es capaz de cambiarse de pareja como de camisa. Jonás tiene 29 años, es ingeniero y su vicio es el “amor” siempre entrecomillado. “Soy adicto al amor entre seres humanos, hombres con hombres, mujeres con mujeres, hombres y mujeres, porque no hay nada que aporte más al alma de una persona que el amor”. Entre risas, Jonás sigue con su discurso del amor entrecomillado, “me gusta sentirme querido y me enamoro cada día, y de momento no me ha causado ningún problema” . Y añade “me gusta sentirme querido también por mis amigos, sobre todo cuando me invitan a copas”

Ocerrone nos ha colao un pedazo de 'product placement' qué ni la cocina de 'Médico de Familia

Pero no todas las adicciones responden a los nuevos tiempos. Hay algunas que son compartidas por otras generaciones como el fútbol. Xavi es Licenciado en Historia y es adicto a un club de fútbol, pero no al Real Madrid ni al Barça, sino al Español. Una afición que lleva en los genes y que se ha convertido en toda una obsesión. Desde que nació, este joven barcelonés es socio de “los periquitos”, una afición que no le fue nada fácil llevar en una ciudad volcada con el Barça: “En Barcelona se lleva muy mal si eres del Español, la televisión, los medios de comunicación y hasta la política, en todo manda el Barça, ahora en Madrid me siento más libre”: Desde pequeño Xavi ha asistido al campo de su equipo para disfrutar de su pasión, que cada vez le sale más cara. “Es un adicción cara, porque ser socio ya son unos 400 euros al año, a lo que hay que sumar los partidos que quieras ver fuera más las camisetas”. Xavi cuenta con un fondo de armario blanquiazul de 10 camisetas distintas, que guarda junto a posters, bufandas, fotos y autógrafos de los jugadores”. Además, este futbolero controla cada día lo que la prensa dice de su equipo, hace repaso de todos los periódicos deportivos y foros de internet.

Un 'periquito' en Madrid.

Y tú, ¿a qué estás enganchado? Mándanos tu fotografía confesando tu adicción por correo electrónico AQUí  infoatequismagazinedotes   ¿Te atreves a confesarlo?

Texto y Fotos: Auxi Barea, adicta al Pluriempleo.

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